Ayer fuimos pibes

La vivencia de Quique Borgarelli

Aquellos viejos e inolvidables maestros

Yo jugué en las menores de Olimpo, casi siempre de titular. Tuve de técnico en la séptima división a Antonio Giorla, un hombre probo, que quizás sobre fútbol sabia poco. Pero tenía un corazón más grande que su persona. Nos dio más enseñanzas humanas que con la pelota. 

Nada menos...

Cuando fuimos a presentarnos al club, por febrero de aquella época, había como 200 chicos, la mayoría nuevos. Giorla nos contó a todos. Y nos agarró uno por uno. Con sus ayudantes hizo diez canchas a lo ancho. No quedó un solo pibe afuera, sin jugar. Después armó el plantel con unos 25, y a los 175 restantes que no quedaron los invitó a seguir ligados al club. 

Cuando jugábanos de vistante todos ellos tenían su espacio, pelotas, para poder jugar. Pasó hace 50 años. Se trataba de un hombre valiosísimo. Sin quererlo, se convirtió en gente clave para nuesta formación. Fue un ícono, a la altura de otros grandes de esa época, como el Chin Bermejo en Villa Mitre, por ejemplo.

Antonio fue un referente para mi y para tantos otros. De esos que solía poner la oreja cuandomel chico quería hablar o exponer un problema. Una forma de contención clave a esa edad.


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