Pura técnica

Junto a Martín Carrillo

En sus manos, el Villa Mitre del futuro

El ex ídolo y 9 tricolor dejó una frase que pinta de cuerpo entero su idea como entrenador:

Por Walter Gullaci. Docente del IRS y periodista de La Nueva. Fotos: Horacio Contreras

Se lo nota pleno a Martín Carrillo. 

Metidísimo con este proyecto en su Villa Mitre, donde privilegia la formación de las jóvenes promesas que asoman en el tricolor.

No hace tanto que el hoy DT, otrora delantero de buen pie y buena dosis de gol, dejó los cortos.

A sus 40 años, quizás por ello admita que daría la vida por estar ahí adentro. Entre las líneas de cal.

"Me pasó en mi debut ante La Armonía (ganó la Villa 2 a 1, de visitante). Me salía de la vaina... Me hubiera encantado poder jugar. Se lo dije a los chicos".

Con una vivencia muy positiva en Atlético Monte Hermoso, donde en su primera experiencia como entrenador se coronó campeón de la Liga de Coronel Dorrego, era obvio que su vuelta a Villa Mitre se presagiaba inminente. Y así sucedió, nomás.

"Ya de chico era de ver mucho fútbol, de mamarlo. En este club viví una etapa en la que se trataba de jugar siempre, donde lo más importante era la pelota. Más allá de haber tenido algunos entrenadores que no lo veían así, el modelo de juego que me idfentifica es el que hoy pregono en mis equipos".

Foto: ascensodelinterior.com.ar

Al principio de su carrera, Martín era un volante con gol. Una especie de media punta.

"Cuando arranqué en la primera de Villa Mitre, Paquillo Sánchez era el 9, no tenía lugar en el área (risas). Pero con el tiempo, él empezó a tirarse un poco atrás y yo me fui adelantando en la cancha. La idea era lograr ser un jugador un poco más completo. No sólo buscar el gol", sostiene.

"De hecho, a la altura de hacer un gol me encantaba dar un pase-gol. Con un similar nivel de satisfacción personal".

A la charla se suma su ayudante técnico, Juan Stalloca, ex volante ofensivo talentoso surgido también en el tricolor.

"Tratamos de que nuestro 9 participe en el armado del juego y, de ser posible, que llegue a la terninación de la jugada. Es el caso de Gastón Santillán (categorìa `96), que tuvo un paso por Lanùs. Martín intenta inculcarle su manera de jugar. Que rebote, que pivotée, que descargue con zurda, con derecha, y que obviamente intente llegar al gol", sostiene Juanchi.

"Tener el 9 en la espalda crea ansiedad. Pero cuando no haces goles hay que tratar de que no te conviertas en un jugador menos para el equipo. De hecho, Santillán no la venía metiendo, pero en la victoria ante Sansinena en Cerri (3 a 1) metió dos asistencias bárbaras que terminaron en gol", acota Martín.

Presiones que no ayudan

"Las presiones son complicadas para los chicos. En la casa, para la familia muchos chicos son Messi, tienen que jugar siempre, sí o sí. El técnico es el mejor cuando el pibe es titular. Y cuando no juega, el entrenador pasa a ser el peor de todos, mientras el chico sigue siendo el mejor para su entorno. Es difìcil", sostiene Carrillo.

-Lo de ustedes es algo que no se acostumbra en los conductores de equipos de primera división. Más allá de lo técnico y lo estratégico, no dejan de ser formadores.

-A los chicos les digo siempre que intentamos formar jugadores, pero también personas responsables en todo sentido. Querenos que estudien, que no lleguen 5 minutos tarde al entrenamiento, que no se excedan con el tema de los celulares. Que cultiven el respeto hacia el otro. Por fortuna se trata de un grupo de chicos inteligentes. Junto a Juanchi y el profe Fernando López, que es un fenómeno, vivimos pensando y trabajando para ellos.

-¿Y qué ocurre cuando el mensaje por allí no llega?

-El otro día me enojé y les dije: "muchachos, tienen que lograr que los insulten por el apellido". Sucedió en la derrota ante Comercial (2-1, de visitante), un partido en el que no los vi bien en ciertas cuestiones, como en el roce físico y duro que nos propuso el rival. Entonces me dije "ésta es la mía". Les señalé: "Los insultaron por el número porque no los conocen por el nombre. Tienen que revertir eso". Fue una forma de tocarles el amor propio.

-¿La idea de juego, más allá de los triunfos o derrotas, no se negocia?

-Intentamos salir jugando, prolijo, por abajo, sin pelotazos. ¡Eso está prohibido! Con un 5, Blas Gueper, de muy buen pie, moviendo la pelota para desesperar al rival. 

"A los chicos les digo que no es una obligación salir jugando... ¡Es una necesidad! Intentamos avanzar en la cancha para poner un delantero cara a cara con el arquero rival, sin dudas lo más difìcil en el fútbol. Llegar con mucha gente al área de enfrente y tener un equilibrio defensivo cuando la pelota vuelve.

"Fijate que el 3 es el goleador del equipo. Luciano (Laborde) era un 3 que no pasaba nunca al ataque. El primer día que agarré. le dije que pasara al ataque. `¿Hay un precipicio en la mitad de la cancha?', le pregunté".

-Si bien hay muchas consignas de juego, no parece un equipo mecanizado.

-No lo es. Yo entraba pensando qué podìa hacer en una cancha, y la idea es que estos chicos tengan las herramientas necesarias para saber qué tienen que hacer, pero de antemano.

"Sólo con Tiro (derrota 2 a 0) sufrimos en el trámite, en especial en el primer tiempo, ya que luego, en el segundo, nos acomodamos.

"Llegamos a perder cinco partidos seguidos, y así y todo no renunciamos a seguir jugando igual. Los chicos están convencidos, aunque lógicamente en la mala racha surgían preguntas sobre qué nos estaba pasando si se hacían las cosas bien. Bueno, nos recuperamos con tres victorias al hilo.

"Que quede claro. Los jugadores que tenemos no son obedientes, sino cómplices nuestros. Entienden y se prenden con cada uno de nuestros trabajos, como los que planificamos en los tiros libres en cualquier lugar de la cancha".

-¿Por dónde pasa el futuro?

-La idea es que algunos de estos chicos suban en dos o seis meses al Federal A. Se trata de pibes que miraban la primera local desde el otro lado de la línea de cal y ahora tienen la oportunidad de estar adentro. Y con protagonismo. Veo que tienen el potencial para crecer y subir en el club, para que Villa Mitre no tenga que traer siempre tantos jugadores de afuera para armar sus planteles.

-La clave para que interpreten esta realidad, ¿por dónde pasa?

-El chico tiene que pensar que existen muchos escalones hacia arriba. No tiene que conformarse con hacer diferencia en el juego, por allí, en un partido de la Liga del Sur. Por eso les insisto en no quedarse con lo que hoy muestran. Deben mejorar permanentemente, porque en caso de subir al Federal A tendrán enfrente a rivales más competitivos. Y mejores.

Perseveró y pudo vivir del fútbol

"Por insistencia pude vivir del fútbol. Me fui tarde de acá, pero logré aprovechar un par de años en Colombia, donde hice varios goles. Incluso, llegué a una final jugando para Cortulua (equipo de Tuluá, localidad ubicada a 100 km. de Cali) contra Nacional de Medellín. Fui compañero de Faustino Asprilla, del venezolano Dudamel, de jugadores de jerarquía. En el debut le convertí un gol de chilena al América de Calí, al otro partido anoté contra Once Caldas, que le había ganado la Copa Libertadores a Boca. Arranqué bárbaro y me fue bastante bien".

Martín también tuvo un paso por el Atlético Huila colombiano y por Técnico Universitario de la segunda de Ecuador, donde no la pasó nada bien. Aunque no reniega de aquella experiencia.

"Todo sirve para crecer", señala.

En el fútbol doméstico, además de Villa Mitre, club en el que ascendió a la B Nacional con Julio Román de director técnico, jugó para Juventud Unida Universitario de San Luis, Guillermo Brown de Puerto Madryn, Luján de Cuyo (Mendoza), Ramón Santamarina de Tandil, Boca de Río Gallegos y Ferro Carril Sud de Olavarría.

En total, anotó 165 goles en 487 partidos.

Juan Stalloca y las presiones

Su ayudante de campo, a cargo del equipo de Tercera juvenil que pelea entre los líderes del certamen liguista, tuvo un párrafo sobre su pasado futbolístico. Ligado, en cierta forma, a ciertas presiones.

"Tuve la vivencia personal de tener a un padre fanático por el fútbol, y por allí no fue bueno para mi. Yo tenía las condiciones, las cualidades, pero aquello me jugó en contra. A los 16 años me fui a probar a Independiente, no quedé y me volví. Tener a mi padre siempre detrás mío no resultó beneficioso. Todo lo contrario".



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