Desde el silencio

El pibe que Villa Mitre jamás olvidará

Por Walter Gullaci

Docente del IRS y periodista de La Nueva.

"Todo lo puedo en Cristo que me fortalece".

Gabriel Flores solía repetir esa frase que acuñaba a partir de su religión evangélica. De hecho, la llevaba estampada en una remera, que lucía hasta en una cancha.

Un pibe especial.

Pero no porque despertaba interés en sus compañeros, en su cuerpo técnico, en los contrarios, por esos movimientos de defensor central que avizoraban un futuro en Primera.

No...

Villa Mitre lo fue moldeando despacito, desde su arribo desde Allen, Río Negro.

Y él fue moldeando a su entorno, tal cual expresan sus formadores Néstor Herrero, Julio Verdino y Octavio Araneta, a la hora de elaborar un perfil de Gabriel. Porque, justamente, se trataba de un pibe profundo. Con enorme contenido.

Todo a partir de aquella frase, que a sus 18 años volcaba en hechos reales. Palpables. Estándole encima,  por ejemplo, de cualquier pibe que despuntaba algún problema de adicción. O en el simple agradecimiento a Dios por un almuerzo o cena compartida con sus compañeros de la 1999 tricolor. Allí, cuentan los chicos, nadie se atrevía a empezar a comer hasta que él no terminara de invocar ese rito infrecuente en un adolescente.

Sucedió hace apenas diez días en Rosario, cuando las categorías `99, 2000 y 2001 de Villa Mitre jugaron ante las menores de Central, en un encuentro que se tornó inolvidable para los pibes.

Tan inolvidables como esas partidas de truco que no atraían especialmente a Gaby, "porque él prefería ir leyendo la Biblia en el colectivo". Pero nada de fastidiarse ante el bullicio por un "quiero retruco" o la "falta envido" que retumbaban cada tanto.

No...

El, cuentan, sólo se molestaba frente a alguna injusticia o una situación indeseable que le imponía la vida.

Justo el día después de enterarse de la convocatoria del DT Sergio Priseajniuc para entrenar con el plantel de primera del Federal A, Gaby encontró un escollo insalvable.

Entonces el sueño futbolero no pudo ser, más allá de aquella vuelta olímpica del año pasado con la quinta tricolor.

"Todo lo puedo en Cristo que me fortalece", es el mensaje que les dejó a quienes ya lo añoran. Y a todos quienes lamentan en el alma su muerte absurda.

Mensaje que seguramente haya servido de consuelo, hoy a las 4 de la tarde, en ese vestuario inundado de tristeza, de caritas incrédulas, de sentimientos encontrados.

Y de no encontrar una sola respuesta para una pérdida francamente irreparable.


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