Abrí tu cabeza

Padres tóxicos

Mirada personal: Padres suficientes

Por Enrique Borgarelli

Licenciado en psicología

La pregunta aquí es: ¿Cuál es el lugar debido del padre o la madre respecto del progreso y crecimiento del hijo en el deporte? En tal sentido un psicoanalista muy importante, el inglés Donald Winnicott, dijo lo siguiente cuando le preguntaron cuál era la mejor madre o el mejor padre: "la madre suficiente". Si esto uno lo traslada a todos los campos de la vida en la relación padres e hijos, es un poco generalizar la idea y decir que los mejores padres son los padres suficientes. Aquello que ni aprietan ni largan demasiado.

La madre o padre suficiente es aquel que acompaña debidamente desde un lugar, o desde el lugar más apropiado, para que el hijo vaya creciendo con la mirada de ellos. Pero no una mirada castigadora o desinteresada. El chico sabe que está siendo cuidado y se le está respetando el propio tiempo personal, psicológico y físico de crecimiento en lo que va haciendo.

Pero con los padres solo no alcanza. Hablando de tenis, nos referimos a un deporte en el que el chico va a un lugar a jugar, donde existen un entrenador y un directivo. Y si hablamos de nivel profesional, hablamos de intermediarios copartícipes.

El coach también tiene que jugar un papel muy importante en todo esto. El técnico debe decirle al padre "yo no te pienso robar a tu hijo; vos no me robes al jugador". Es decir, el padre tiene que ser lo suficientemente padre como para comprender que quien lo tiene que dirigir deportivamente es el entrenador.

Como en el fútbol o básquetbol, los padres saben lo que saben y desde su personalidad descalifican al técnico, que es lo peor que le puede pasar a un jugador.

Me han contado que, alguna vez, cuando los chicos iban a la escuela de tenis de José Luis Clerc, fuera el propio Batata o sus intermediarios, recibían a los chicos en la puerta del club y no dejaban entrar a los padres. Alguien puede decir `qué bueno'. Yo digo que es una aberración, porque si no le das lugar al padre, que será el formador del deportista y quien estará junto a él por lo menos hasta que sea mayor de edad, vos no sabés cómo lo tomará el progenitor. Por ahí no le gusta y se ofende. Y en ese caso tal vez le meta otra idea en la cabeza a su hijo en la casa, diferente a lo que le dicen en el club. Resultado final: el chico termina con la cabeza destrozada.

En el fútbol siempre aconsejo a los dirigentes de los clubes que no se puede expulsar a los padres del ámbito deportivo. Hay que darles un espacio, que puede ser a posteriori del partido, para charlar entre padres, técnico y directivos. Un espacio en donde los padres se explayen y que digan lo que piensan. Pero que al final quede en claro que al club lo manejan los dirigentes, que al chico deportivamente lo maneja el técnico y que los padres tienen que tener un criterio de credibilidad y de confianza sobre lo que se hace con su hijo.

En cambio si están esperando resultados ya, de querer convertir al chico en un día en Djokovic, Messi o Ginóbili, estamos al horno. Ahí ya influyen problemas de índole psicológico.


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