Mi heredero

Un contracultural en el universo de la pelota

El delantero de Platense, es contador, hace el curso de técnico, ya se recibió de manager, incursionó como periodista y cambió su percepción sobre las mujeres en el fútbol.

A finales de julio de 2002 la Argentina todavía sufría los coletazos de una de las peores crisis económicas de su historia. En el fútbol local, Arsenal de Sarandí confirmaba su primer ascenso a la máxima categoría y se preparaba para disputar el torneo Clausura que, finalmente, tendría a Independiente como campeón. En la Copa Libertadores, Olimpia se coronaba por tercera vez en su historia y, en Inglaterra, Manchester City estrenaba el Etihad Stadium donde poco más de una década después dominaría la Premier League.

También sobre el ocaso de julio de 2002, un estudiante de la carrera de Contador Público se quedaba sin club tras no haber podido firmar su primer contrato como futbolista profesional en Lanús. Sus días pasaban de la Universidad de Buenos Aires (UBA) al entrenamiento con el Granate con la ilusión y la fuerza de voluntad para no dejar de lado a ninguna de sus pasiones. En su casa, el estudio era sagrado. También la pelota, por supuesto.

Pasaron 17 años y ese joven que soñaba con jugar en la primera división todavía sigue disfrutando el hecho de entrar a una cancha de fútbol. Se transformó en ídolo y máximo artillero histórico de la institución que le abrió las puertas cuando lo habían dejado de lado. Además, trabaja con el título que le costó siete años de esfuerzo en la Universidad más prestigiosa de Latinoamérica. Y da clases para ayudar a sus pares. Y también es entrenador. Y también tiene una hermosa familia.

Con un fuerte sinsabor por no haber podido ascender con Platense a la Superliga esta temporada, Daniel Vega se sienta en el buffet del predio ubicado en Saavedra para charlar con Enganche y demostrar, una vez más, que en la vida no sólo los goles son importantes.

–¿Cómo es el fútbol a los 37 años?

–Lo disfruto más que antes. Lo veo más grupal que individual, algo que cuando uno es más joven lo mira desde el progreso deportivo personal. Es lógico. Incluso lo hablo con la mayoría de los chicos del plantel, que siempre piensan en crecer deportivamente. Ahora mi carrera está para verlo crecer a Platense y en aportar a eso, porque elegí dedicar lo que me queda de carrera para el club. Me tomo el tiempo de llegar temprano, ir al gimnasio a charlar con los compañeros, vengo en el auto con varios de ellos. Antes, cuando perdía un partido, me iba a mi casa y casi no hablaba por una semana con mi familia. Ahora, pierdo y trato de ponerme mejor para la próxima fecha. Yo ya estoy más cerca de lo que viene que de lo que viví.

–¿Asimilás bien el paso del tiempo?

–La vida tiene un final. Y la vida del deportista también. Pero una cosa es la vida laboral de un trabajo común y otra la nuestra. Es muy difícil de asimilar que se termine todo de un día para el otro siendo jóvenes. Yo vengo preparándolo para que cuando suceda, seguramente me va a costar, pero no tanto como si no me hubiese preparado psicológicamente. Estoy tratando de elegir el momento justo como para decir ‘bueno ya está’ y seguir con otros proyectos que me propuse.

–¿Cuál fue el secreto para complementar el estudio y la pelota en tu carrera?

–Para mí fue natural. Es un estilo de vida. Es el mismo ritmo que sigo ahora. En vez de trabajar, estudiaba. Una vez que terminé el secundario empecé la carrera universitaria cuando todavía no había debutado en la primera división. Después cuando vino “la yapa” de ser jugador profesional en el segundo año de carrera, no es que dejé de estudiar. Lo que sí, achiqué las materias que podía hacer por cuatrimestre. De tres o cuatro pasé a meter dos y en vez de recibirme en cinco años y medio, que es lo normal, me recibí en siete.

–¿Te pasó de faltar a algún examen por un partido?

–Me acuerdo de un día cuando jugaba en Estudiantes (BA) salí de la cancha después de un partido y fui derecho a rendir un examen de Sistemas Administrativos. Llegué un poco tarde y encima el profesor era hincha de All Boys. Me gastaba, pero bueno, me fue bien. Realmente no me acuerdo de haber faltado a algún examen porque tenía que jugar. Y para estudiar, si tenía que llevarme los libros a las concentraciones, lo hacía, no tenía problema.

–¿Tenías entrenadores a los que no les gustaba que estudies?

–Tuve, pero no les di pelota. A veces me decían una vieja frase: el fútbol o el estudio. Y yo, por dentro, me decía que a mí nadie me iba a marcar el destino. Mi vida la manejo yo. Capaz que le molestaba verme con un libro en el lobby del hotel y me encerraba en la pieza a estudiar. Para mí era lo mismo.

–¿Qué aprendiste del estudio para el fútbol y viceversa?

–El estudio me sirvió mucho para ser un jugador pensante. De mente abierta. No estar enfocado en la pelota y nada más. Después creo que la disciplina me ayudó para los dos lados. Soy un tipo ordenado, de descansar, de aprovechar los tiempos, de dedicarme siempre a hacer algo. Y bueno, se me hizo un estilo de vida. Creo que las dos cosas son complementarias.

El retiro es uno de los momentos más difíciles en la carrera de un deportista profesional. Las luces utilitaristas del mercado poco a poco se van apagando, derivan en el olvido y la depresión empieza a ganar en un campo de juego donde el protagonista no tiene un objetivo. No saber cómo continuar sin la adrenalina de competir puede resultar letal. Daniel Vega está lejos de eso y trabaja para ayudar a sus colegas.

–Sos un caso contracultural en el fútbol, ¿intentás transmitirle a tus compañeros para que se vuelquen a estudiar?

–Yo tengo estudio porque en mi casa me lo inculcaron. Desde que tengo papeles más preponderantes dentro de un vestuario, siempre intento empujar para que mis compañeros lo hagan. Para que se perfeccionen. Que terminen el secundario o el primario en algunos casos. Que si no llegan a hacer una carrera universitaria, se metan en un terciario o a aprender algún oficio. Algo como para que no dependan sólo de esto, porque cuando termina no saben para dónde disparar.

–Y con otros colegas, ¿te motiva ayudar?

–Estoy dando clases en la Fundación del Futbolista para incentivar a que el jugador no se quede solo en patear la pelota y nada más. Igualmente, creo que ahora el camino está más abierto, las generaciones van cambiando. El futbolista de ahora tiene más asimilado que hay muy pocos que se salvan económicamente. Otros tantos tienen buenos pasares en su carrera, pero no es eterno. Si no trabajás bien la plata que vas generando, la perdés. Tenés que perfeccionarte de alguna manera para el después.

–¿De qué se tratan las clases?

–Estoy dando Administración y Finanzas en el curso de Manager Deportivo junto con Cristian Kolisek, que trabaja en Excursionistas. Nosotros hacemos foco, más que nada, en abrirle la cabeza a todo el que se quiera inscribir. Es para futbolistas o gente ligada al fútbol. Le damos conceptos de vida, de finanzas y de administración. Tienen que ver un poco con el fútbol porque va desarrollado a, por ejemplo, elaborar un presupuesto, a hacer el análisis FODA (herramienta de estudio de la situación de una empresa, institución, proyecto o persona, analizando sus características internas -Debilidades y Fortalezas- y su situación externa -Amenazas y Oportunidades- en una matriz cuadrada de un club). Que tenga un contexto deportivo, pero teniendo en cuenta lo social y que le sirva como una herramienta, no sólo para esto, sino para cualquier apertura laboral que puedan llegar a tener.

–¿Se acercan muchos?

–Aproximadamente tenemos un promedio anual de 50 alumnos en la clase. Tenemos de todo. De ascenso, de primera, exjugadores preponderantes o no, entrenadores, periodistas. Hay un desarrollo para participar bastante abarcativo de lo que es el mundo del fútbol.

–¿A tus compañeros los asesorás en la parte contable?

–Sí, claro. Nunca me ofrezco por una cuestión de que cada uno maneja su plata, viste. En eso no me meto. Pero si me vienen a buscar o hacer una consulta, no tengo problema. Trabajo con expreparadores físicos, exentrenadores, excompañeros, dirigentes que me han pedido asesorías, jugadores con lo que ni siquiera fui compañero. Se fue dando bastante también por el boca en boca.

–¿Cómo es tu día a día como contador?

–De acá me voy a trabajar. Al estudio voy cuando tengo que hacer algo puntual con un cliente o presentar alguna pericia contable, que yo trabajo para la Justicia también. Si no lo hago en mi casa, por una cuestión de tiempo. Tengo la oficina en pleno microcentro junto con mi hermano que es abogado. Le sirve más a él que a mí.

En 2004, Vega tuvo una de las grandes oportunidades de su vida. Un momento que pinta de manera completa la personalidad de un futbolista distinto al resto en la toma de decisiones. Once Caldas, campeón de la Copa Libertadores ante Boca, intentó ficharlo para reforzar el equipo con vistas a la Copa Intercontinental que disputó ante Porto de José Mourinho. “Tenía el boleto a Japón para jugar la Intercontinental. Fue una de las decisiones más difíciles de mi vida”, recuerda. ¿Por qué dudó tanto? Porque interrumpía los planes de su carrera universitaria: “Me quedaban dos años de carrera más o menos. Terminó siendo una decisión de vida. Me costó muchísimo, con muchas lágrimas de por medio. La plata del contrato era para salvarme siendo bien administrada y de progreso deportivo, ni que hablar, era un gran paso. Pero no me terminé de convencer. Me faltaba ser contador y me faltaba jugar en la primera de Argentina, esos eran mis sueños. Mis viejos me acuerdo no me ayudaron mucho (se ríe) porque me dijeron que en lo que yo decida me iban a apoyar, me tiraron la pelota. Terminó siendo algo totalmente mío. Nunca supe si fue acertada o no hasta el momento que después jugué en la A, cumplí el sueño de jugar en Huracán, salí campeón con Platense, me recibí de contador y hasta pude jugar en un grande de Ecuador como Emelec”.

–Hace poco tiempo se cumplió un año del inolvidable ascenso con Platense al Nacional B, ¿qué balance hiciste de ese momento con el tiempo?

–Lo que viví ese año fue la culminación de algo que se había generado desde un momento malo. Lo empecé a elaborar en mi cabeza el año anterior, cuando me sacaron del club. En mi cabeza figuraba la posibilidad de volver para salir campeón. Trabajé un año gracias a Talleres de Remedios de Escalada, a los que siempre los voy a estar eternamente agradecido por ser el club que me rescató. A partir de esa situación crítica empecé a trabajar día a día para alcanzar mi objetivo. Pero sólo en mi cabeza, en la de mi familia y de las personas que trabajan alrededor mío, tenía esa posibilidad. Yo no sé cuántos pensaban que se podía dar. Ese 2 de mayo de 2018 se me pasaron mil cosas, pero por sobre todo, tuve la sensación del deber cumplido.

–El futbolista del ascenso en las categorías donde estuviste, ¿puede vivir bien económicamente?

–Yo creo que si te manejás bien, se puede. Hoy en día los salarios de las categorías principales del ascenso han subido un montón. El tema es saber invertir en lo que corresponde y no tirarla en cualquier cosa. Para eso hay que tener una capacidad para informarse y estar actualizado en un montón de temas, que no todos lo hacen. De mi parte, trato darle un consejo a la mayoría de los que me rodean para poder ayudar.

Además de los libros y la pelota, Vega cruzó la línea de la cancha para comenzar su carrera de entrenador. Se hizo cargo del equipo de Banco Nación en una competitiva liga amateur y también de dos equipos femeninos, que no puede seguir dirigiendo en la actualidad por falta de tiempo, pero que cambiaron totalmente su percepción sobre las mujeres en el fútbol. No conforme con eso, siguió la campaña como periodista de Huracán para seguir de cerca al club del cual es hincha desde chico y ampliar su conocimiento táctico.

–¿Quién es tu referente como entrenador?

–Me gusta [César Luis] Menotti. No creo que que la estética menottista pueda implementarse en esta realidad del fútbol, pero sí me gusta el buen fútbol. Hay un libro de Menotti que se llama ‘El fútbol sin trampa’, ahí se encuentra todo lo que está bien. Por lo menos desde mi manera de ver. Yo creo que en el ascenso también se puede jugar, nosotros somos un equipo que intenta bastante.

–¿Cómo conjugás al entrenador y el jugador?

–Tengo un grupo de jugadores que son unos fenómenos e intentan aprender día a día y me ayudan a crecer también en eso, para que el día que lo hagan profesionalmente ya puedan tener un puntapié como para decir bueno ya tuve a alguien en frente y sé cómo se maneja el asunto. En cuanto a responsabilidades, es muy diferente. Ahora de este lado como jugador empiezo a entender un montón de decisiones que a veces te gustan o no. Entendés el por qué a veces el entrenador toma una determinada decisión a sabiendas de que para otro puede ser que este mal. Pero también es lo mejor para el equipo. Y entonces tenés que acompañarlas.

–¿Qué experiencia te dejó el hecho de ser técnico en el fútbol femenino?

–Empecé por mi hermana que era jugadora de un Colegio de Abogados y me pidió que les diera una mano. Después se me juntó un equipo más de futsal. Por una cuestión de tiempo no lo sigo, pero me ha servido muchísimo para abrir la mente. Para mí las mujeres en el fútbol no existían y hace dos años empecé a descubrir que sí. Cómo miran el fútbol y cómo lo sienten. Poder pararme delante de un grupo distinto a lo que conocía y crecer personalmente. Yo soy padre de dos nenas y tratar con las mujeres quizás no era una de mis mayores virtudes. Me sirvió para eso también.

–¿Te miraban de reojo?

–Las chicas me abrieron las puertas mejor que nadie. La mayoría de las veces sentía que yo aprendía más de ellas que ellas de mí. En cuanto a mis compañeros, al principio me decían ‘dale, vas a buscar minas’, una boludés. Lo hacía por una cuestión de profesionalismo y querer aprender. También para compartir un tiempo más con mi hermana, ya que para mí todo lo que sea familiar vale oro.

–¿Te sirvió tu experiencia como periodista?

–Me sirvió mucho para aprender de táctica. También para saber explicar, leer y transmitir el fútbol. Hacer un partido a través de la radio, imaginando que alguien te está escuchando del otro lado y no lo está viendo, es un gran ejercicio. Encima me tocó seguir la campaña de Huracán campeón de la Copa Argentina, de la Supercopa Argentina, jugar la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana. Ví todas las facetas, desde el Nacional B hasta partidos internacionales. Equipos de fútbol de alto nivel con diferentes tácticas y dinámicas de juego. Me sirvió un montón.

–Y para el futuro, ¿cómo ves a Daniel Vega?

–La realidad es que no miro más allá de lo que es este año. Igual, siempre me digo a mí mismo ‘un año más, un año más y veo como me acomodo’. Hoy estoy planeando de jugar un año más al fútbol y después ver. Eso significa continuidad en lo laboral, en lo contable, de mejorar físicamente y perfeccionarme. Mechar también con las cosas que puedo seguir implementando como entrenar en el fútbol amateur y seguir dando clases en la Fundación.

Fuente: Enganche.


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