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De cara a la 10° Liga Municipal

Volver a empezar: las escuelitas de barrio resurgen de la pandemia

   “Buen día gente, por falta de chicos y la pandemia tenemos el dolor de no presentarnos este año en la Liga Municipal. Les quiero agradecer a todos los chicos que fueron parte de mi vida todos estos años. Con ustedes aprendí a jugar al fútbol desde otro lugar y eso me hizo volver a vivir. En algún otro momento nos volveremos a encontrar”.

   La carta, trasladada a las redes sociales, remite a un caso particular pero trasciende el barrio, la escuelita y el fútbol.

   El paso del coronavirus arrojó innumerable cantidad de trastornos. Muchos, ajenos a lo estrictamente sanitario.

   Y en este caso, el deporte es la excusa perfecta.

   Miguel Olivero era el líder espiritual de CeCuDeI, el Centro Cultural y Deportivo Infantil que funcionó hasta marzo del año pasado en Coronel Vidal y Montevideo.

   “La pandemia influyó mucho. Yo tengo bajas las defensas y si me contagio no la cuento. Y además, si se contagia uno de los chicos a cargo mío, es mucha responsabilidad. Durante el año pasado no hubo un solo entrenamiento ni nos juntamos, había que cuidarse”, relató.

   Afortunadamente para él, fue llamado desde Loma Paraguaya “para dar una mano”.

   “En CeCuDeI había unos 45 chicos. Siempre jugamos al fútbol y después de entrenar hacíamos una merienda. Y cuando nos tocaba jugar de visitante llevábamos algunas pizzas y jugo para que los chicos no estén sin comer. Todo para que los chicos la pasen lo mejor posible”, recordó.

   “Ahora me traje como 15 chicos para Loma —continuó—porque allá no tenía nada para ofrecerles ya que el lugar era del sindicato de los panaderos y el año pasado me quedé sin la única cancha que tenía. Otros, por suerte, pudieron ir a clubes (de la Liga del Sur); se lo merecen”.

   Miguel estuvo tres años en su antigua escuelita, lugar en el que trabajó a pulmón junto a su hermano David.

   “Con el fútbol, los pibes se espabilan. Si les falta, no sabés cómo contenerlos. Algunos traen los problemas de la casa y siempre se habló con los chicos. De a poco van saliendo adelante, son pibes respetuosos. Me dio mucha lástima no poder seguir este año”, mencionó.

   Una enfermedad y su posterior tratamiento lo alejaron de la práctica activa del fútbol, deporte al que sigue firme de la línea de cal hacia afuera.

   “A mí, la falta de salud me quitó el fútbol. Me divierto entrenando y viéndolos jugar a ellos. Ellos ganan y gano yo. Pierden ellos, pierdo yo. Yo la paso bien estando con ellos y me distraigo un rato. No importa si se gana o se pierde, el tema es divertirse. Son alrededor de 50 chicos y pueden venir más en estos días, incluso tenemos siete nenas”, sostuvo.

   A 67 cuadras de allí se encuentra la escuelita 9 de noviembre, con Paola Vega a la cabeza.

   “La pandemia nos cambió un montón, aunque tratamos de mantener el contacto con los chicos. Somos padres y sabemos lo que significó el encierro más allá de que hay muchos chicos que están en la calle. Articulamos con algunos lugares para que a las familias no les falte un bolsón de comida o una ayuda. Fuimos un nexo, porque tampoco quiero ocupar un lugar que no podría abarcar”, resumió.

   Además de los inconvenientes diarios que tienen que superar, hace dos semanas sufrieron un robo: malvivientes se llevaron un inodoro y un rollo de alambrado que tenían para cercar la cancha de fútbol.

   “Lamentablemente, rompieron la cadena de la puerta, entraron y robaron. Parece un chiste. Vienen más de 70 chicos, entre nenas y nenes, y no los podemos tener sin baño. Es un trago amargo porque acá no cobramos nada y todo cuesta mucho”, contó Paola.

   Además de fútbol, en 9 de noviembre también ofrecen hockey y boxeo.

   “Estamos para que los chicos vengan, tengan oportunidades, que puedan hacer un deporte sin esa barrera de tener que pagar una cuota o rendir, porque acá juegan todos”, indicó.

   Vega sostuvo que este año, con la experiencia de la pandemia sobre sus espaldas, “vemos todo con ojos más humanos”.

   “Este tiempo sirvió para no pasar por encima de los demás y observar las necesidades del otro. Tenemos que dejar de quejarnos y criticar menos. Acá yo trato de marcarle a los profes que no quiero que nos convirtamos en un club, sino que al margen de la competencia, tenemos que ver a cada chico, a cada cabecita, porque seguramente está pasando algo. Debemos estar atentos para tratar de ser algo bueno en la infancia de ellos”, subrayó.

   En Arias y Chubut está emplazado Héroes de Malvinas, una de las escuelitas que no va a participar de la Liga Municipal este año. Al menos desde el inicio de la competencia.

   “La actividad fue nula el año pasado y lo sigue siendo, porque no sabemos qué va a suceder y volver a juntar a los chicos lleva un tiempo. La gente se desparramó, ha tomado otro rumbo. Nosotros, por ahora, estamos sin mano de obra porque al no haber chicos, no hay padres. Estamos complicadísimos”, contó Waldemar Acevedo.

   En 2019, cuando la institución tenía cinco años, había unos 40 chicos que conformaron cuatro categorías.

   “Los pibes son del barrio pero se pierde el contacto. Además, este año la Liga no pone colectivos y se hace bravo, ¿cómo llevás a los chicos? Ellos preguntan y hay que remarla de vuelta, aunque por ahora somos pocos. La cancha está linda, ordenada, los chicos pueden ir a jugar igual; pero no tenemos la actividad de la escuelita”, agregó el también árbitro de fútbol.

   A propósito, desde el Municipio aclararon que, de acuerdo a los protocolos de distanciamiento existentes, es inviable que en la próxima edición de la Liga se disponga de colectivos para trasladar a los equipos enteros.

   Se desprende de ello que no es seguro que muchos chicos —algunas escuelitas viajaban con dos y hasta tres categorías juntas— compartan el mismo transporte.

   De hecho, para esta oportunidad hay un protocolo estricto que cumplir antes de empezar a patear.

   Waldemar, de 60 años, sufrió la cuarentena tanto como los niños.

   “Para mí también fue duro todo este tiempo, se te cae el telón. Acostumbrado a estar con los chicos, andar, que te pregunten, jugar… A mi edad se hace difícil estar encerrado. Siempre anduve con esto y se extraña. Es toda una vida en el potrero. Para una persona grande como yo, es necesaria la actividad, es lo que te hace seguir adelante. Si te quedás quieto, sonaste. Te deprime, te tira abajo. Es bravo el tema”, sostuvo.

   Luego de siete años, Juan Mujica decidió dar un paso al costado y no continuar colaborando en 31 de marzo. No obstante, su deseo es que la escuelita de General Cerri mantenga su impronta y siga viva, pese a todo.

   “La pandemia nos hizo ver que dejamos nuestras cosas de lado por estar metido mucho en el club. Vida personal, no le dedicábamos tiempo a nuestros propios hijos… Eso nos hizo tener ganas de dejar. Además, tiene que haber un cambio; no es mala la renovación. El problema es que nadie se anima porque se necesita dedicación y mucho tiempo. No es contener un par de chicos y listo; nosotros hemos realizado muchos viajes, muy lindos, que para los chicos es especial”, recordó.

   El año pasado tenían 235 chicos anotados en dos meses, hasta que en marzo se detuvo el mundo.

   “La idea es que siga, así no se pierde todo lo que hicimos hasta ahora. Muchos chicos vivían ahí prácticamente. Les dábamos una merienda; eso los unía un montón y nos llevó a poder traer muchos chicos. A pesar de que varios no lo necesitaban, esa merienda formaba un vínculo, un respeto entre todos, eso era lindo y los propios padres lo sentían”, detalló.

   Y dio un ejemplo para resaltar con fibrón.

   “Ahora que es solo el entrenamiento e irse, por protocolo, a los chicos les falta algo. Me dicen ‘¿Vamos a tomar la leche?’. Es sentarse y comer algo, sin importar qué. Muchos padres nos decían que en la casa sus hijos no toman la leche y en la escuelita sí. Eso es impagable”, narró.

   Los de Miguel, Paola, Waldemar y Juan son apenas cuatro casos. Cuatro realidades.

   Hay muchas más, multiplicadas por cada niño o niña que a través del deporte y los amigos, crecen en todos los sentidos.

   Este año intentarán resurgir.

"Hay pibes que arrancaron para otro lado”

   “Vamos a ver cómo arranca la Liga esta vez y quizá, si se acercan más chicos, jugaremos más adelante. Para los clubes que tienen merenderos es otra cosa, para nosotros esto es arrancar de cero. La pandemia cambió bastante los objetivos”, señaló Waldemar.

   “Hay pibes que arrancaron para otro lado y llevarlos otra vez a la realidad, cuesta. La pandemia dejó muchas cosas. Hay deserción escolar y eso se nota también en las escuelitas. Falta contención, los pibes están perdidos. Y si la cabeza familiar no está fuerte, los pibes arrancan para cualquier lado”, afirmó, con tanta crudeza como razón.

   “Nosotros trabajamos con otras instituciones para juntar mercadería, repartir bolsones. No atendimos a las 200 familias, porque muchas personas se la pudieron bancar; pero sí ayudamos a alrededor de 35 familias, fue un grupo mínimo”, aportó Juan.

   “Todos andan con ganas de volver a jugar. Hasta los mismos padres ja, ja, ja. A los chicos les sacás el fútbol y se vuelven locos. Temo que muchas escuelitas puedan desaparecer”, sentenció.

   “Acá no teníamos ayuda, como por ejemplo puede ser que alguien traiga alcohol en gel para que los chicos se cuiden, entonces dejamos todo tipo de actividades de lado. Siempre fue todo a pulmón; a veces recaudamos sacando a la venta alguna rifa y en otras oportunidades nos dan una mano algunos padres”, señaló Miguel.

   “Me acuerdo que una vez le regalamos a cada uno de los chicos un bolsito con su nombre, para que lleven la ropa de fútbol. Fue una gran alegría ver la cara de ellos cuando se los dimos”, recordó.

   “El fútbol es la excusa perfecta para estar con los chicos, retenerlos haciendo una actividad, ponerles objetivos de superación. Perder un partido es como la vida misma, a veces nos va bien y a veces nos va mal, pero siempre hay que meterle para adelante y volver a intentar todas las veces que sea necesario”, siguió Paola, quien hace lo que dice y va al frente junto a sus chicos.

   Contención y valores, más allá de un resultado deportivo.

Fuente: La Nueva


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