Debates en el área

Abusos sexuales

De una pensión de sueños a una de pesadillas

Por Walter Gullaci

Docente del IRS y periodista de La Nueva.

El perfil de los chicos no difiere demasiado.

Cientos de kilómetros los separan de sus hogares, de sus familias, de sus seres queridos.

La mayoría persigue el mismo sueño: Vivir del fútbol. Ganarse un lugar entre esos tocados por la varita mágica que llegan a Primera.

Y en el medio, un mundo de fantasías. A veces, muy pocas, cristalizadas en realidad.

Pero también de coyunturas en general complejas. Algunas, demasiado...

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El apuntado en el prólogo era, justamente, el perfil de las víctimas que rastreaba una red de explotación sexual en las pensiones de los clubes de fútbol de la zona sur del Conurbano bonaerense.

La confesión de un chico a Ariel Ruiz, psicólogo de Independiente, y la posterior denuncia judicial de la entidad de Avellaneda, con los testimonios de Fernando Berón, coordinador de las inferiores, y de Fernando Langenauer, encargado de la pensión, destaparon el procedimiento de una organización de corrupción de menores.

En ella están implicados el árbitro y juez de línea Martín Bustos y un jugador de 19 años de la cuarta división roja que arribó a la institución desde el club Cipolletti.

Bustos, señalado como abusador por una de las víctimas, integraba la red criminal que concretaba los encuentros sexuales a cambio de dinero en alojamientos de Palermo, San Isidro y La Plata. Fue detenido por la Justicia e imputado en la causa "abuso sexual y promoción y facilitación de la prostitución", quizás la primera a gran escala en relación a esos delitos en el fútbol argentino.

El pibe rionegrino de la cuarta del Rojo actuaba como nexo entre los menores y los adultos pedófilos.

La Justicia presume que coaccionaban a los menores prometiéndoles "ayuda" para llegar a Primera. Además de proporcionar algunos "regalos", como costosos botines, ropa. Y obviamente plata.

En la pensión del Rojo conviven 53 jóvenes, la mayoría de ellos proveniente de clubes del interior del país. Hoy, ninguno parece estar a salvo de las suspicacias que rodean al caso. Algo injusto y lacerante para las propias familias de los propios chicos.

Pero de pronto empiezan a surgir otros casos ajenos a Independiente...

Ahora parece que el año pasado, la madre de un menor de 13 años que jugaba en el Club Deportivo Mac Allister de Santa Rosa denunció en la justicia pampeana al entrenador Héctor Kruber, de 67 años, que trabajaba en las infantiles del club fundado por el actual secretario de Deportes de la Nación, Carlos Javier Mac Allister.

Kruber desapareció de la capital de La Pampa hasta que la policía lo encontró. Y lo detuvo, por decisión de la jueza Marisa Promé ante un pedido de la fiscal de delitos sexuales de Bahía Blanca, Marina Lara.

La mujer quedó a cargo de la causa contra Kruber por abusos durante un torneo de fútbol desarrollado en Médanos, Villarino, que curiosamente habría estado "encajonada".

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Mientras tanto, muchos de los abusadores siguen impunes y agazapados, quizás con mayores precauciones, para seguir a la caza de nuevas víctimas.

Conocer esta realidad, estar vigilantes y expectantes frente a cualquier atisbo o sospecha de un proceder incorrecto por parte de formadores, dirigentes o cualquier personaje cercano a nuestros chicos, es una medida impostergable.

Tanto como profundizar el diálogo con cada uno de los jovencitos.

Esos mismos que hoy transitan sus sueños más expuestos que nunca a situaciones que pueden truncar su desarrollo ya no sólo como futbolistas, sino como personas de bien.

Y ese es un riesgo que ningún club, llámese como se llame, de AFA, la Liga del Sur o el ámbito que sea, puede adoptar.


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