Debates en el área

El Indio Ortiz pasó por Bahía

"Antes se educaba con la mirada; ahora, hay que hablar y mucho"

Hernán Darío Ortiz, a los 50 años, es una especie de "bicho raro" en el ambiente del fútbol. Quizás por decir siempre lo que piensa y no, como suele suceder, lo políticamente correcto.

El ex defensor esquiva, además, ciertas tentaciones. Pudo seguir dirigiendo la Primera de Gimnasia y Esgrima La Plata tras haber salido indemne de tres duelos durísimos: sendos empates ante Independiente (2-2) y el campeón Boca (2-2) y un triunfo frente a Newell's (2-0).

Pero no. De ninguna manera.

Al Indio, como lo apodan, las luces de los flashes no lo encandilan. Lo de él pasa por la formación. En suma, por el fútbol de base.

Una profesión que desarrolla desde la secretaría técnica del Lobo. Y que disfruta junto a laderos de lujo, como Cristian Jorgensen, el alma mater de la pensión y encargado de toda la logística del fútbol formativo del equipo platense.

De paso por Bahía Blanca, donde la dupla realizó tareas de captación de jóvenes promesas en Libertad y Tiro Federal, hubo espacio para una charla... formativa.

-Darío, ¿aceptás, entonces, eso de ser un bicho raro?

-No, sólo digo lo que pienso y trato de manejarme desde un perfil de humildad y simpleza en una profesión donde, hay que reconocerlo, no todo es tan claro ni sencillo.

-Desde tu lado de formador, ¿qué es lo primero que se debe pregonar?

-Hacer docencia...

-... y que no seduzca tanto ponerse el buzo de DT de la Primera...

-Es que ser un buen formador generalmente no es lo mismo que ser un buen director técnico. Hoy, el DT de la primera de Gimnasia es Pedro Troglio. De ahí para abajo todos somos formadores. Eso lo tengo clarísimo, aunque respeto a quienes tengan otro tipo de apetencias manejando una reserva o una cuarta división.

-¿Y qué dice, además, el manual del formador?

-Que debemos tener toda la paciencia del mundo, contener a los chicos, darles educación y dedicarles todas las horas que sean necesarias para que puedan crecer y desarrollarse. Por allí pasa la formación.

-¿Cómo se sobrelleva un ámbito tan complejo donde, de pronto, surge un chico con problemas de adicciones, de padres ausentes o, lo que es peor, de violencia e incluso de desnutrición?

-No es lo mismo ser pobre en la actualidad que cuando nosotros eramos chicos. Muchas personas pobres de hoy conviven con todas esas dificultades que mencionaste. Si uno no se aggiorna a esa realidad, se complica. Por eso se debe hablar mucho más que antes.

"A nosotros nos educaban con la mirada. Ahora yo no puedo educar a mi hijo apenas con eso. Ese cambio tan grande también se traslada a la formación en el deporte. Se requiere hablar mucho con el chico sobre los peligros que afronta, acerca de las redes sociales, cómo debe alimentarse, higienizarse, un montón de aspectos que si los pasamos por alto luego son muy difíciles de corregir.

-¿Cómo negarse, entonces, al aporte de la psicología deportiva?

-Bueno, justamente, frente a todos esos temas tan urticantes es que incorporamos al club un psicólogo con un área de ayuda específica. Porque nosotros, como formadores, tenemos nuestras limitaciones. Ya con 50 años he visto de todo. Mil situaciones complejas que por allí me superaban. Uno tiene sus límites.

"En estos tres últimos partidos que dirigí la Primera de Gimnasia tuvimos la ayuda de un psicólogo. Y nos aportó en todo sentido. El, obviamente, no se metía en el vestuario a dar la charla técnica, pero colaboró con su aporte profesional. Se trata de una persona que ha jugado al fútbol, lo que le otorga un plus a su trabajo".

-¿Asumen que, a veces, suelen incidir más en la personalidad del chico que los propios padres?

-Le sucede a él (apunta con su dedo índice a Jorgensen) en la pensión. A veces está más encima del chico para que estudie que los mismos padres. Si el padre te dice `yo mandé a mi hijo acá para que juegue al fútbol', se complica. Esos casos son recurrentes.

-¿A los chicos se los trabaja de la misma manera aún cuando deben surgir diferencias notorias de carácter o personalidad? No es lo mismo un joven extrovertido que uno introvertido.

-El fútbol tiene de noble que en el proceso de formación los chicos trabajan con entrenadores por allí duros y con otros más dóciles o flexibles. Por eso no es bueno repetir al entrenador al otro año. Así el chico va forjando su carácter y adaptándose a las distintas realidades.

-¿La cabeza, cuanto más fuerte, más posibilidades otorga?

-El carácter es fundamental. Mirá; estamos ante una generación contestataria. Lo veo en mi hijo. Y los chicos están mucho más informados que los de nuestra época, pero la verdad es que no tienen la personalidad de los pibes de antes. Cuesta mucho encontrar a chicos con carácter. Y que hayan cultivado el esfuerzo.

-Cuando hablás de carácter, ¿a qué re referís?

-No hablo de carácter en el sentido de ir a pegarle una piña o una patada al rival. Me refiero a esa personalidad que surge en una instancia de juego. A la rebeldía, a la perseverancia. Que es lo que te instala en Primera.

"Si cuando llegás al embudo de la cuarta y la reserva no tenés carácter, temple, es difícil que juegues en Primera. No todo pasa por las buenas condiciones técnicas. De lo contrario, jugadores como fui yo, que no era un virtuoso desde lo técnico, no hubieran jugado en Primera. Porque además, después te enfrentas a una cancha llena, a la gente, a los insultos, y si no tenés temple naufragas.

-¿Y cómo hay que manejarse con los padres? Me refiero a esos que podríamos considerar tóxicos.

-Con respeto pero distante. No hay otra receta.

-¿Y qué ocurre con los representantes? Da la sensación, para un chico que no cuenta con ese soporte, que quedar en las inferiores de un equipo de AFA es mucho más difícil.

-El chico no llega a jugar en Gimnasia porque tiene un buen representante. El favor que un representante le puede hacer a un chico llega hasta el alambrado de la cancha. Adentro, si el chico no juega bien, el favor se diluye. Sostener ese favor en el fútbol es muy difícil.

-Cuando observas a un chico en un scouting, ¿en qué te fijas primero?

-Yo trabajé con Griffa (Jorge Bernardo), que fue como ir a la Universidad. Lo mismo puedo decir de todo lo que me dejó la etapa con el Flaco Morant (Pablo), después de Griffa lo mejor que conocí. Dos tipos que te muestran lo obvio, la simpleza. Yo miro mucho la técnica individual, la velocidad. En el 2005 Griffa me lo decía: "Si no buscamos velocidad...".

-¿Tanta velocidad en ocasiones no va en desmedro de la técnica?

-La velocidad no sólo pasa por correr rápido. Está la velocidad mental del jugador, las características del chico con rapidez para resolver. Cosas lógicas en un ámbito cada vez más competitivo.

-¿Y la importancia de lo intelectual?

-Es muy importante que los chicos estudien para cultivarse y para discernir, luego en la cancha, de la mejor manera situaciones del juego. Tengo un chico que trajimos de Goya, Corrientes, que es un animal jugando a la pelota. Pero no interpreta muchas variables del juego. Tiene unas condiciones naturales monstruosas. Corre y al lado suyo los otros chicos parecen sus hermanitos. Pero hay situaciones que no puede resolver. He ido a lugares donde vi a chicos muy interesantes que no saben lo que es un botín.

-¿Y el tema de la mala alimentación? Un temita cada vez más complejo en nuestro país.

-Cristian, por ejemplo, constata en la pensión si el chico ha llegado bien alimentado, porque una carencia nutricional provoca muchas situaciones adversas en el proceso de evolución del chico.

- (Jorgensen interviene en la charla). Tenemos tres casos puntuales de chicos que llegaron de Corrientes, con numerosas extracciones dentarias y muchas caries. Una profesional de la Universidad de La Plata, con la que solemos trabajar en conjunto, nos dijo: "Esto es muy sencillo. En 2001 Argentina tuvo una crisis económica fenomenal y la realidad es que estos chicos por entonces no tomaban leche ni se alimentaban como debían. Un problema claro de mala nutrición”. Todo dicho.


La pensión, un tema aparte


-Lo sucedido con los chicos de la pensión de Independiente, en cuanto a temas de abuso, ¿les llamó la atención, los tomó por sorpresa?

-No es que nos haya tomado por sorpresa, porque las complejidades son grandes. Creo que cada club debe tomar sus recaudos. Y tener los ojos bien abiertos (Jorgensen).

-Lamentablemente pocos clubes toman el tema de la pensión con la debida responsabilidad. En muchos casos depositan a los chicos allí y que se arreglen. No saben si comen o no comen, si duermen bien, qué es lo que hacen en el día a día. Por fortuna, el sostén de la pensión de Gimnasia es Cristian, en un 99 por ciento. Si él no estuviera en la pensión los chicos no estarían tan bien cuidados como están (Ortiz).

-¿Están remodelando fuertemente la infraestructura de ese sitio clave?

-Es lo único que espero con mucha ansiedad. La nueva construcción está casi terminada. Pero no me animo a decir cuándo la vamos a habilitar. Es más que un parto (sonrisas).

“La realidad es que allí uno puede contener y crearle hábitos al chico. Cuanto mejor estén más se les puede exigir. Darío mencionaba la importancia que tiene el estudio. Siempre digo que el que estudió posee otro parámetro. Que a veces no es necesariamente mejor, pero en general hace la diferencia. (Jorgensen).

-¿Podemos hablar de un salto de calidad en la institución?

-Gimnasia trata de ordenarse en lo económico. Malvendió a demasiados jugadores a valores irrisorios y eso se paga. Nacho Fernández, Meza, Monetti, el Pata Castro, Alan Ruiz, Aued, Magallán. Un equipo entero (Ortiz).

-Bueno, pero una mirada optimista sería que salen muy buenos valores de la cantera de Gimnasia y que ahora se refuerza la idea de un semillero aún más fuerte.

-De allí que estamos trabajando en este proceso de captación por todo el interior, porque de los productos que surjan debe vivir Gimnasia. Vender bien a uno o dos jugadores por año sanearía su economía. De lo contrario, imposible sostener lo institucional (Ortiz).

-En algo ha dado un salto de calidad Gimnasia. Y pasa por Darío, a quien le cuesta hablar de su función, que resulta clave. El no sólo tiene la característica del captador, sino, también, la función de director deportivo que permite amalgamar y articular diferentes áreas muy importantes. Porque nunca tuvimos esa figura.

“Con sus pergaminos, el Indio puede tener una llegada muy rápida al ámbito de juveniles que pueden incursionar en Primera, a la captación de jóvenes a partir de todo su conocimiento del interior del país y a ser un nexo con la pensión porque conoce perfectamente lo que pregonamos allí. Se trata de una figura vital dentro de la estructura del club y, por fortuna, muy escuchada. Una articulación que parte de la Primera, atraviesa la reserva, las juveniles y llega hasta infantiles”.


El Indio, en tres frases

1 - "Lo que antes era normal ahora parece todo lo contrario. Me pasa en la vida cotidiana. Hago cosas normales que parecen anormales (sonríe con ganas). Hoy parece que ser honesto resulta una virtud y no debe ser así. Es una obligación".

2 - "Cuando jugás en Primera hay que tener mucho cuidado con los modos, cómo te manejas. Se vive muy expuesto. Quizás la gente espera que uno sea un ejemplo, cuando en realidad estamos desarrollando apenas una profesión".

3 - "El momento de no hacerle contrato a un chico que trabajó durante cuatro o seis años en inferiores con nosotros es el más neurálgico para nosotros. Pero todos no pueden llegar a ese objetivo”.


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